¿Por qué este blog?



«Mi padre me regaló un diario y comencé a escribir mis reflexiones infantiles. Aquella manía de relatar las cosas se transformó en largas cartas que enviaba a mis amigos desde Nueva York, décadas después. Luego me convertí en bibliotecaria. Los libros, las letras, siempre han estado a mi alrededor.
Leer es mi constante, escribir es mi placer».

lunes, 13 de abril de 2015

Esas fotos que dicen tanto...

Pedro Cepeda en Málaga, calculo que tendría unos 7 ú 8 años.



Rafael en la Casa de Niños



Rafael Cepeda, mi tío, el hermano de mi padre, era dos años más joven. Creemos que Rafael murió en alguna cárcel rusa, acuchillado. Fue encerrado por delitos comunes, pues la situación por aquel entonces en la Unión Soviética, tanto para españoles exiliados como rusos, era lamentable. Rafael tendría unos 22 o 23 años, y la última vez que Pedro supo de él fue en el año 1946.

A Rafael le separaron de su hermano al llegar al campamento de Artek, en Crimea, dado que no había estudiado en el colegio, pues se dedicaba a ayudar a mi abuelo, pintando casas.
El PCE de aquel entonces, decidió enviarle a Leningrado, a hacer de él «un buen peón».









Rafael Cepeda









Rafael y Pedro tuvieron poco contacto, dada la distancia y lo difícil que era moverse por la Unión Soviética. A mí, particularmente, se me ponen los pelos de punta cada vez que pienso en cómo le limitaron la vida, condenándole a destino sin mucho futuro, y aún más, separándole de su hermano mayor.

Pedro, en el colegio, en Málaga, antes de que empezara la Guerra Civil Española. Es el tercero desde abajo, justo pegado a la pizarra.

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Pedro Cepeda, con unos seis o siete años, en la plaza de toros de Málaga con su tío, Modesto, «El Ronquillo de Málaga». Esta foto está sacada de un blog de tauromaquia en Internet, y pertenece al archivo de Juan Galacho, un señor que llegó a conocer a mi tío abuelo Modesto y, posteriormente, estuvo en mi presentación de «Harina de otro costal», en Málaga. 

«El Ronquillo» tenía una taberna en la que se alquilaban, además, trajes de luces a toreros noveles. Modesto Cepeda fue una figura muy conocida en los años 30 y 40 de la Málaga taurina. Encontré esta foto mientras trataba de documentarme, al escribir Harina de otro costal, y, al verla, os podéis imaginar que me quedé perpleja, pues ese que está toreando al perro es mi padre.



Modesto Cepeda de joven. «El Ronquillo de Málaga» fue apodado así por no tener cuerdas vocales tras una operación de garganta. Nunca sabré si es o no verdad la leyenda de que fue un toro el que le empitonó el gaznaté.

















De izquierda a derecha: el niño que está en primera fila es Pedro. Justo detrás de él está «El Ronquillo» y a su lado, Rafael.