¿Por qué este blog?



«Mi padre me regaló un diario y comencé a escribir mis reflexiones infantiles. Aquella manía de relatar las cosas se transformó en largas cartas que enviaba a mis amigos desde Nueva York, décadas después. Luego me convertí en bibliotecaria. Los libros, las letras, siempre han estado a mi alrededor.
Leer es mi constante, escribir es mi placer».

viernes, 6 de marzo de 2015

Rebelión: Reseña de Jesús Aller


Extensísima reseña en el blog de Jesús Aller en el que resalto principalmente su conclusión:


Personajes de la época hacen cameos en el libro. Valentín González “El Campesino” aparece en marzo de 1940 en Moscú, ya expulsado de la Academia Militar Frunze. Invita a merendar a Rafael y otros chicos y son amonestados por ponerse a hacerlo sentados al pie de una de las torres del Kremlin. Pedro conoce a Enrique Castro ese mismo año. Militaba aún en el PCE y le recrimina su falta de aplicación en los estudios. A lo largo del libro asistimos al fortalecimiento de su amistad y a los enfrentamientos de Enrique con Pasionaria y los dirigentes del PCE, hasta su salida de la URSS. Luis Abollado, también comunista, traductor y autor de un manual sobre literatura rusa moderna, es otro buen amigo de Pedro, y tiene una conversación con él cuando trabajaba en la embajada argentina en la que lo avisa del odio que están generando en las altas esferas su independencia, su desobediencia y sus detalles amistosos con disidentes como El Campesino o Enrique Castro.

El libro nos sorprende también con digresiones sobre la historia de Rusia o aspectos poco divulgados de la biografía de Stalin, como sus crisis cardiacas o sus relaciones con su hija Svetlana. Las reflexiones de Pedro Cepeda acerca del carácter de los rusos denotan una gran penetración. Así, en Karagandá sostiene en una tertulia con otros presos que la extraña docilidad y sumisión al poder que observa es debida a la falta de intimidad de una vida caracterizada por viviendas compartidas, hacinamiento y colas para todo. Piensa que en estas condiciones es mucho más difícil desarrollar un pensamiento independiente. El malagueño emerge del libro como un personaje complejo y fascinante: cantante de talento, eterno seductor, amigo fiel de sus amigos. Es notable también su incapacidad de renunciar a exponer una opinión o una crítica que le brota impulsiva en el pecho, con lo que no es descabellado afirmar que su estancia en la URSS estaba predestinada a ser lo que fue.

Harina de otro costal recupera su vida extraordinaria y nos ofrece un vivo retrato de la sociedad soviética en la retaguardia de la Gran Guerra Patria y en la postguerra hasta después de la desaparición de Stalin.