¿Por qué este blog?



«Mi padre me regaló un diario y comencé a escribir mis reflexiones infantiles. Aquella manía de relatar las cosas se transformó en largas cartas que enviaba a mis amigos desde Nueva York, décadas después. Luego me convertí en bibliotecaria. Los libros, las letras, siempre han estado a mi alrededor.
Leer es mi constante, escribir es mi placer».

sábado, 20 de diciembre de 2014

Reseña de Jorge (Asquerosamente sano)


Entrada original aquí.

“Harina de otro costal”, de Ana Cepeda Étkina

George Orwell decía que la historia la escriben los vencedores, y solo hay que leer 1984 para intuir, nunca mejor dicho, por dónde van los tiros. Claro que, de esa manera, es lógico que nuestra visión de los hechos se vea ligeramente sesgada, lo que hablando con propiedad se denomina desinformación.

Para neutralizar la basura desinformativa es necesario que de vez en cuando surjan libros valientes, como el de Ana Cepeda, que nos ayuden a ver lo que sucedió de verdad, sin toda esa contaminación mental de los desfiles triunfales y las fanfarrias del poder.

Su padre, Pedro Cepeda, fue un chaval malagueño que tuvo la mala suerte de nacer en ese periodo negro de la historia española: la Guerra Civil. Junto a otros niños españoles fue enviado a Rusia para evitar su muerte, lo que al final fue como huir del fuego para caer en las brasas. 
Es difícil no sentir simpatía y hasta fascinación por un tipo como Pedro Cepeda, una de esas personas con tal fuego interno que revientan si no dicen lo que piensan, algo que en una sociedad como la soviética, con el padrecito Stalin en el papel estelar de Dios Todopoderoso, te puede pasar factura. No es oro todo lo que reluce, ni siquiera en el “paraíso estalinista”, y para evitar que toda esa edulcorada fachada se viniese abajo, se prohibió el regreso a sus casas de todos aquellos niños que huyeron de la guerra para terminar en lo que más tarde se convirtió en una trampa para muchos de ellos mortal. Que Pedro Cepeda se propusiera huir de allí en el interior de un baúl clasificado como valija diplomática dice mucho de su arrojo, ingenio y determinación.
Ana Cepeda, basándose en un manuscrito de su padre, describe con sobriedad y oficio, sin sentimentalismos que podrían ser comprensibles pero enturbiarían la visión del lector, describe, decía, la Rusia comunista tal y como la vivieron muchos seres humanos que vieron cómo sus vidas se iban al garete por el brutal egoísmo y la arbitraria estupidez de un dictador y sus secuaces, y la estólida sumisión de un pueblo que se dejó engañar, pues la estupidez es sumamente contagiosa. Hambrunas, caza de brujas, encarcelamientos, palizas, torturas, campos de trabajos forzados… La escritora se mete en la piel de su padre y los diálogos que salpican el texto, cargados de chispa y vitalidad, nos hacen sentir cómo sin duda se sintieron sus protagonistas. Que el lector viva en sí mismo el miedo, la frustración y la impotencia de aquellos hombres y mujeres que se vieron de pronto en un callejón sin salida kafkiano es mérito de la autora.

Mención aparte merece Dolores Ibárruri, La Pasionaria, un mito con los pies de barro, quien supo hacer de la hipocresía y del refrán quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija una filosofía de vida. De ella procede la frase “tú eres harina de otro costal” que da título a este libro de memorias y supuso una suerte de condena existencial para Pedro Cepeda, pues en este mundo tener ideas propias puede ser muy peligroso. Ya lo dijo Johnathan Swift, todos los necios terminan por conjurarse contra ti.

14 de Agosto de 2014
Jorge Romera